SUS LABORES

«Un hombre que vive la mayor parte del tiempo sobre el lomo del caballo, no puede dedicar mucha atención a la arquitectura de su casa. Esta se reduce en su forma más simple a una choza de juncos y de ramas (rancho de totora). La precede en orden jerárquico una casucha con armazón de gruesos troncos embadurnados de barro; sigue el rancho de adobe, construido con ladrillos crudos secados al sol. El pavimento de todas estas casas es la arcilla y desnuda tierra de nuestros padres, y si la fecunda naturaleza del país no hace brotar en ella árboles y flores es porque la pisan continuamente sus habitantes. Estas construcciones no necesitan arquitectos y el gaucho hace de albañil y de ingeniero, y derriba y reconstruye su propia casa con la mayor facilidad. Algunas veces, al tomar posesión de un terreno comienza por plantar en el suelo aún cubierto de un tapiz herboso, cuatro troncos de árboles sobre los que sujeta un telar de madera y teje un plano de tiras de cuero sobre las cuales extiende su lecho; cubre después otros cimientos de vida social con un techo de juncos sostenido por algunos palos que hasta algunos días antes eran mimosas de hojitas recortadas y elegantes. Muchas veces la falta de lluvia impide al habitante de esta jaula hacer barro para rellenar las paredes de su propia casa, y durante muchas semanas vive con su familia en una vida más que pública, expuesto a todos los soplos de la rosa de los vientos y poniendo en práctica el deseo de aquel filósofo antiguo, que hubiese querido vivir en una casa de cristal para que todos pudiesen examinar su conducta».
«El moblaje y los utensilios de la casa del gaucho están reducidos al término mínimo, y algunas veces no se encuentran más que una mesita, una silla, una especie de chafalote para asar la carne (asador) y una cafetera para preparar el mate».
«La puerta del rancho es a menudo una tabla desunida o un cuero de caballo o de buey; otras veces falta por completo».

Paolo Mantegazza

Bueno para cinchar el bayo, de Francisco Madero Marenco.