LOS CUIDADOS

Reglamento de estancias
Debe haber el más delicado y puntual esmero en que el que trabaje en un caballo no lo maltrate, y que lo mude antes de que se ponga pesado. No hay cosa más mala que rematar o cansar un caballo. De ello resultan las muertes y consiguiente menoscabo. El caballo cansado, si no muere queda ya lisiado, y a poco trabajo que haga, se enferma y se cansa, Esto mismo debe tenerse presente cuando se mande algún chasque, para hacerle mil encargos con el fin de que camine de modo que no se canse el caballo al trote y al galope, más trote que galope.

Caballos delgados
Es muy necesario tener caballos delgados para andar, es decir, que ni para recoger ni para nada debe ensillarse un caballo potente de gordo; porque el trabajar en un caballo no es más que para mañerearlo y acobardarlo. Cuando la caballada está muy gorda se acorrala a fin de que se adelgace, y cuando uno quiere tener algunos caballos delgados se tienen a soga.

Caballos del patrón
Debe atenderse que el que los cuide de cuenta por la mañana y a la noche de estar todos, o no. Debe decir : están todos los caballos, veinticinco en la tropilla y dos yeguas, veintisiete; dos atados a la soga, veintinueve, y dos yegüitas de cría, treinta y uno. El método es pararles rodeo por la mañana y sacar con el freno un caballo. Al entrar a tomarlo, no irá como ánima despacito, sino de golpe y lijero; y al tomarlo agarrará por donde lo encuentre primero, ya sea de la cola, y del lado de montar, ya del enlazar, ya de una mano o ya de una pata. Para que pare no les gritará, sólo les hará lli…lli…llito. Lo sacará fuera del rodeo, enfrenado y le dará la» mano», si a las tres voces de decirle, no la entrega, le jugará en ella con el cuchillo. Entregada la mano, le cortará el vaso, si es que tiene algo que recortar; esto mismo hará en elas patas de atrás. Enseguida verá si tiene el vaso malo, y si lo tiene, lo compondrá. Los hormigueros no lo agujereará con cuchillo, sino con la punta de un asador.

Caballos punteros
Y que se cortan solos en las manadas. Deben los capataces cuidar de observarlos al recorrer dichas manadas, y lo que se hace es acollarar a los porfiados con las yeguas más seguras, a fin de que de este modo anden las manadas juntas y no una por un lado y otras por el otro.

Caballos patrios
Si algunos de éstos cayesen a las estancias, y se ve que indudablemente son patrios, en este caso se echarán a la cría, y en ella estarán sin tocarse, hasta que se presente algún soldado o algún oficial pidiendo auxilio; en cuyo caso se le dará de los patrios, pero sin decirle que es patrio el caballo que se le da.

El Caballo por Juan Manuel de Rosas